Semilleros de vida o frutos secos de esperanza

El periodo de confinamiento en cuarentena con ocasión del COVID-19, lleva a pensar que así como navegamos en el mar de la existencia, podemos naufragar en un momento. Y, que si creíamos ver al hombre llegando a la cima de tantas creaciones, lo hallamos más bien en la conquista de su vanidad que deja ver mejor la fragilidad humana en su amplia dimensión.

Laura Viera A © Solkes

 

Fragilidad humana y Covid – 19

 

Unas semanas difíciles para reflexionar si es cierto que vale más la vida humana que el dinero para sobrevivir, hasta encontrar que no estábamos preparados frente a este desmoronamiento global y que ningún país está en capacidad de hacer frente a los requerimientos hospitalarios y UCI de semejante magnitud.

A.Abadía © Solkes

Días de determinaciones políticas urgentes, donde unos con sensatez y otros con aventura se atreven a presagiar su importancia y desenlace. Entonces, con Shakespeare en “El Rey Lear” decimos Es el tiempo de la peste cuando hombres dementes lideran a los ciegos”, porque la falta de solidaridad y de responsabilidad social deja ver mejor al débil y desprotegido en su infatigable lucha de subsistencia.

Total, siendo hijos de mamífero respetable no hemos salido de lo salvaje para responder al compromiso social con los desvalidos y luchadores anónimos atrapados en las redes del mercantilismo en que se convirtió el diario vivir.

Una época que permite evaluar lo que hemos hecho con la naturaleza que venimos acabando, en donde todo tiene precio pero no valor.

Los éxitos aparentes siguen excluyendo a muchos que piden su inclusión y que otros perciben como amenaza contra su libertad empresarial.

Mientras tanto, el populismo que siempre se ha caracterizado por el irrespeto a la ley, fomenta el crecimiento de lo que se espera bajo la promesa de su cumplimiento que no siempre llega a quien realmente lo necesita porque se da a quien podía valerse o tenía algo más.

 

Cuestionamientos

Una etapa de crisis y ansiedad, de pensamientos y cuestionamientos para la memoria humana. De ira e impotencia frente a la adversidad.

Un momento para evaluar personal, familiar y social como un hecho global demanda nuestra estrecha colaboración y compromiso para hacer frente a un enemigo invisible y letal.

Horas que son días que suman semanas que permiten también un desafío que tiene el ser humano en su dimensión integral.

A.Abadía © Solkes

Es que durante el confinamiento COVID-19 pasamos por varios estados de ánimo. Tristeza, aburrimiento, preocupación, expectativa, búsqueda interior, contando las horas que se extienden en días y más días, lo que se vive y viene, lo que se necesita y tiene…pensar y pensar.

Pedro Escola © Solkes

Unos, abogando por la reorientación ante el desencanto natural en que convertimos el mundo en que vivimos. Otros, abrigados en la noche fría y lluviosa de la desesperanza social y pensamientos embriagados por la desilusión. Aquellos, refundidos en un brindis por lo inevitable.

Algunos, viviendo en sus ojos inundados la noticia triste y sorpresiva con la noticia fatal. Ellos, interpretando un canto melancólico en las cuerdas que grita la guitarra y declamando un soneto con voz de angustia y lamento recordando páginas iluminadas de la vida. Y Nosotros…

Quizá sea esta la oportunidad para tomar un sendero que nos permita dejar de transitar caminos húmedos de tristeza que en su hojarasca ocre llevan el frío de las ausencias que se llevan en el alma. Las mismas que tantas veces en el bosque de la vida permanecen como unos árboles dormidos bajo el cielo gris de la melancolía o en la pijama de troncos secos que dejan algunos recuerdos.

¿Sería que nos equivocamos del verdadero sentido de la existencia humana hasta dejamos llevar por el consumismo? ¿Será posible rectificar el camino para conocer lo que es solidaridad, responsabilidad y compromiso social? ¿Somos o no parte del engranaje mercantil en que nos convirtieron la vida cotidiana? ¿En qué momento perdimos el valor por lo fundamental? ¿Estamos viviendo la destrucción del ser humano?

 

Reinventarnos en una esperanza

Lo que necesitamos es la agonía del individualismo y el propio beneficio. Tapabocas a la corrupción para cubrir los saldos en rojo que nos deja la falta de ética y las malas prácticas de la política. Dejar el silencio ciudadano ante la indiferencia social y darle la bienvenida a una mejor sociedad a partir de cada uno de nosotros mediante el pensamiento crítico y el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos.

Pedro Escola © Solkes

Aún tenemos la esperanza de un nuevo amanecer donde rescatemos con el salvavidas del amor los escondidos espacios familiares, la sonrisa y alegría que deja el tiempo realmente compartido, permitir que fluya ese interior con raíces que permanecen en el corazón…

Definitivamente necesitamos acciones diferentes, reinventar nuestra sensibilidad, como aquella que permanece atada a las palabras del poeta que con su pluma evoca momentos sublimes del amor y en sus renglones la pasión por lo amado y querido…

El aislamiento Covid-19 ha sido un camino para aprender, reconocer errores y silencios. Ahora es cuando necesitamos del poder de la sabiduría para tomar el timón del barco con fe, esperanza, solidaridad y responsabilidad social.

Es que en el bosque de la existencia humana, los aplausos de ramas son los recuerdos, los trinos esperanzas, y la brisa el encanto de todo lo vivido. Entonces, nos aventuramos a ser semillero que dignifique la vida a partir de nosotros mismos o definitivamente nos contentamos con ser fruto seco que absorbió lo mejor de nuestros momentos.

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