Marsella, como yo la veo

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Ma Elvira Gaviria © Solkes

Juzgar una ciudad como Marsella es muy fácil. La ciudad tiene mala fama entre los franceses y algunos extranjeros por ser una ciudad “peligrosa”. Pero la verdad es que Marsella es una ciudad diferente, llena de cosas por descubrir, cargada de historia milenaria. Sí, es una ciudad que lo obliga a uno a aprender a convivir con culturas diferentes, pero no es tan terrible como la gente cree que es.

Ayer y hoy

Marsella es la ciudad más antigua de Francia, fundada hace más de 2600 años. Su nombre original era Massalia y era una colonia griega. Esta ciudad ha visto dos milenios y medio de guerras, conquistas, pestes, apogeos, cambios arquitectónicos y dueños. Todavía se pueden ver rastros arqueológicos de algunas épocas que marcaron esta ciudad. 

La ciudad es hoy el puerto más importante del país, el segundo en el Mediterráneo y el quinto en toda Europa. Esto la hace precisamente una ciudad multicultural. Una ciudad donde se oyen al caminar idiomas como el árabe, el español, el inglés, el francés y el italiano. Es una ciudad de todos y de nadie.

Marsella es también la puerta para entrar a la región de Provenza. Es geográficamente estratégica para conectar las líneas de trenes que viene de Paris y del sur de Francia y que van hacia la Côte d’Azur, Mónaco e Italia. Es la cuna del jabón que lleva su nombre y que hoy en día se sigue produciendo y comercializando masivamente. 

Ma Elvira Gaviria © Solkes

 

Paseos inolvidables

Ma Elvira Gaviria © Solkes

Caminar por el centro de Marsella es vivir un poco en la época de Napoleón III. La gran mayoría de los edificios datan de mediados del siglo XIX, construidos en el estilo Haussmann. Fachadas en piedra beige, balcones en el segundo y quinto piso y ventanas de 3 metros de alto.

Esto la hace una ciudad muy atractiva, pero a la vez representa un reto para la administración local quien debe velar por la integridad y estabilidad de los edificios.

Un paseo inolvidable por Marsella debe incluir una visita a la basílica de Notre-Dame de la Garde, construida sobre una colina a 150 metros sobre el nivel del mar. Durante la Edad Media fue considerada la virgen de los pescadores y marineros. 

Al otro lado de la basílica, cruzando el puerto viejo, está el Fuerte Saint-Jean y el Museo de Civilizaciones de Europa y el Mediterráneo, conocido como MUCEM.

Continuando por esa dirección, encontramos la Catedral de Marsella, llamada Catedral de la Mayor.  Fue construida en un estilo romántico-bizantino, sobre el terreno donde antes se encontraba la antigua catedral de la mayor y la catedral primitiva. 

Ma Elvira Gaviria © Solkes

Su construcción se llevó a cabo durante la segunda mitad del siglo XIX, una época de crecimiento económico francés. En esta misma época, se construyeron otros monumentos icónicos de la ciudad, como el Palacio de Bourse y el Palacio de Longchamp. 

Este último fue construido para canalizar un rio cercano y proveer de agua a la ciudad, después de varios años de fuertes sequías que dejaron a Marsella fuertemente afectada.

Ma Elvira Gaviria © Solkes

Ahí se encuentran el museo de bellas artes y el museo de historia natural de Marsella.

 

Vista al Mediterráneo 

Si prefiere aprovechar un poco la naturaleza, no se pierda Les Calanques. Una zona entre Marsella y Cassis, donde el terreno es pedregoso, accidentado y un poco árido. Y que nos brinda una vista espectacular al mar Mediterráneo. 

Si está pensando en visitar Marsella, no se deje influenciar por su mala reputación. Todas las ciudades del mundo tienen su lado bueno y su lado malo, pero lo importante es aprender a valorar las cosas buenas y las experiencias enriquecedoras que nos ofrece cada una de ellas.

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