La vida en las calles

Share on whatsapp
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on print

Es 2022 y me duele profundamente que siga habiendo gente que vive en la calle. Las personas que viven en la calle llevan consigo sus pocas posesiones, y duermen en la calle, en portales o muelles, o en otro espacio, de forma más o menos aleatoria.

Las personas que se encuentran en situación de calle se enfrentan a muchos retos, tanto emocionales como físicos, que les dificultan aún más su recuperación.

Una persona se encuentra en situación de calle cuando se ve obligada a realizar todas sus actividades de supervivencia en el espacio público. Este fenómeno, que es a la vez causa y consecuencia de múltiples desigualdades, trasciende las fronteras nacionales; por lo tanto, su estudio también debe hacerlo.

Qué significa

Según el diccionario Merriam-Webster, la palabra homeless es un adjetivo que significa: no tener hogar o lugar de residencia permanente. La palabra street people, sustantivo, significa personas sin hogar.

Arandy Kir © Solkes

Ya en 2004, el sector de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas definió a las personas sin hogar como aquellos hogares que carecen de un alojamiento que se ajuste a la categoría de vivienda debido a la falta de ingresos o a unos ingresos estables.

Unos años más tarde, en 2009, en la Conferencia de Estadísticos Europeos (CES) de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas, se definió a las personas sin hogar en dos grandes grupos: como

Personas sin hogar primarias: personas que viven en la calle sin un refugio que entre en el ámbito de la vivienda.

Sin hogar secundario: personas sin lugar de residencia habitual que se desplazan con frecuencia entre distintos tipos de alojamientos (incluyendo viviendas, albergues e instituciones para personas sin hogar u otros alojamientos).

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. – articulo 25 Declaración universal de los Derechos Humanos –

El no tener hogar consiste en carecer de una vivienda estable y adecuada. Las personas pueden ser categorizadas como sin techo si viven en la calle o se mueven entre refugios temporales.

La definición legal de las personas sin hogar varía de un país a otro, o entre diferentes jurisdicciones de un mismo país o región.

Se calcula que en 2005 había 100 millones de personas sin hogar en todo el mundo y que hasta mil millones de personas (una de cada 6,5 en ese momento) viven como ocupantes ilegales, refugiados o en refugios temporales, todos ellos carentes de una vivienda adecuada.

Históricamente, en los países occidentales, la mayoría de las personas sin hogar han sido hombres (50-80%), y los varones solteros están especialmente sobrerrepresentados.

El problema

Este tema no es nuevo, se habla de los endemoniados de la tierra de los gadarenos que no vivían en la casa sino en la calle y en los cementerios. Lamentablemente este tema social ha sido invisibilizado u ocultado en muchas oportunidades.

Tengamos algo claro, una persona no acaba en la calle de un día para otro. Su situación se deteriora con el tiempo y tiene muchas causas; algunas dependen de la persona y otras están relacionadas con la sociedad en la que vivimos.

Laura Viera A© Solkes

Hay varias causas para ello.

Estructurales: Están relacionadas con la situación económica (como la pérdida de empleo), el mercado inmobiliario (precios de los alquileres, desahucios), los movimientos migratorios y el funcionamiento de las administraciones públicas.

Institucionales: Relacionadas con la rigidez de los servicios sociales, los mecanismos de asistencia y los procedimientos institucionales.

Relacionales: Relacionado con la situación familiar y la red de apoyo social de la persona (por ejemplo, un divorcio o la muerte de un miembro de la familia).

Personales: Relacionados con la educación, la edad, la dependencia y la salud.

Discriminación o falta de estatus legal: Relacionado con las situaciones particulares que pueden vivir los inmigrantes y algunas minorías, como la comunidad gitana.

Lo cierto es que son miles y miles los que se registran en la indigencia, la pobreza extrema, el desempleo, el robo y la droga.

El ámbito territorial

Las cifras respecto a este problema parecen cambiar según el ámbito territorial.

En la Unión Europea, por ejemplo, no existen criterios comunes entre los distintos países para contabilizar cuántas personas duermen en la calle y sin hogar, ni existe una cifra total.

En todos los países europeos, el número de personas que duermen en la calle ha aumentado en los últimos años, excepto en Finlandia y Noruega.

Laura Viera A© Solkes

Es importante señalar que, el artículo 31 de la Carta Social Europea garantiza el derecho a la vivienda. Propone promover el acceso a una vivienda digna, prevenir y reducir progresivamente el número de personas sin hogar, y garantizar que el precio de la vivienda permita a las personas con menos recursos tener un hogar. Se trata de una herramienta importante en la lucha contra la pobreza y la exclusión.

España obtiene datos cada dos años del Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, estos datos sólo contabilizan a las personas que utilizan recursos de vivienda y comedor y excluyen a otras personas que duermen en la calle y no utilizan estos servicios. Hay que tener en cuenta que tampoco se cuentan todos los municipios.

Estos son algunos de los datos que conocemos sobre la situación en España.

***País Vasco *** En un recuento realizado simultáneamente en 26 municipios vascos en la noche del 18 al 18 de octubre de 2018, se contabilizaron 435 personas durmiendo en la calle. La mayoría dormía en las calles de Bilbao (211 personas), San Sebastián (106 personas) y Vitoria (24 personas).

***Cataluña *** 1.516 personas duermen en la calle en once municipios catalanes (Barcelona, Tarragona, Girona, Lleida, L’Hospitalet de Llobregat, Badalona, Mataró, Terrassa, Santa Coloma de Gramenet, Sant Adrià de Besòs, Sabadell y Reus).

*** Madrid.***En la Comunidad de Madrid hay al menos 1.045 personas durmiendo en la calle.

*** Valencia ***Un total de 568 personas duermen en la calle en la ciudad de Valencia y 220 están alojadas en albergues. En total hay 788 personas según el recuento organizado en octubre de 2019.

*** Zaragoza*** El 14 de noviembre de 2018 se detectaron 119 personas viviendo en la calle en Zaragoza. Esa misma noche se realizó un censo que consiguió entrevistar a 66 de estas personas para conocer su situación.

El denominador común de las personas que viven en la calle en Sudamérica es que la mayoría son hombres; víctimas de la pobreza extrema y de una marcada violencia doméstica.

En algunos países, a veces encuentran la muerte debido a las condiciones climáticas adversas. En el estado mexicano de Aguas Calientes, la situación de los habitantes de la calle se ve agravada por las bajas temperaturas. En Chile, los habitantes de la calle suelen sufrir incluso la muerte en la temporada de invierno, cuando tienen que soportar temperaturas bajo cero al aire libre. En 2012, 28 personas sin hogar murieron por esta causa, la mayoría de ellas en Santiago. En Montevideo, los refugios temporales para personas sin hogar se congestionan principalmente cuando se dan condiciones climáticas hostiles.

En Bogotá, el número de habitantes de la calle se hizo evidente cuando el alcalde ordenó la toma de la Ele o Bronx, donde permanecían miles de personas en esa condición. En Brasil, estos habitantes se ocultaron con motivo de los Juegos Panamericanos y del último Mundial de Fútbol. En Ecuador, hasta 1971, los habitantes de la calle, conocidos como vagabundos y mendigos, eran investigados penalmente cuando fingían enfermedades para pedir limosna.

En Santiago de Chile, los habitantes de la calle suelen ocupar temporalmente casas abandonadas, centros comerciales o de consumo de alimentos, donde los niños de la calle suelen ser invitados a comer por los turistas extranjeros. Por la noche, un equipo interdisciplinario del Programa de Atención a las Situaciones de Calle (PASC) recorre las calles de Montevideo para detectar a las personas en situación de calle.

En Caracas, al ser una ciudad altamente urbanizada, se generó un boom de habitantes de la calle en el último medio siglo, la mayoría de ellos ocupando asentamientos. En las zonas fronterizas, al igual que en México, el problema se agrava por los extranjeros que cruzan la frontera, algunos de ellos ex convictos, que suben y bajan por las calles.

Niños y adultos sin hogar que viven en la calle

Los niños deambulan sucios y descalzos; los adultos permanecen acompañados de mascotas, muchos de ellos con trastornos mentales, sin posibilidad de tratamiento. Duermen en la calle, en las aceras, bajo los puentes y en los bancos de los parques.

En comparación con la población general, las personas sin hogar experimentan tasas más altas de resultados adversos para la salud física y mental.
Además, las personas sin hogar tienen un acceso limitado a los recursos y a menudo están desvinculadas de los servicios sanitarios, lo que las hace mucho más susceptibles a los fenómenos meteorológicos extremos (por ejemplo, el frío o el calor extremos).

Arrals Fundación© Solkes

La mayoría de los países ofrecen una serie de servicios para ayudar a las personas sin hogar. Estos servicios suelen proporcionar alimentos, refugio (camas) y ropa y pueden ser organizados y dirigidos por organizaciones comunitarias (a menudo con la ayuda de voluntarios) o por departamentos o agencias gubernamentales.

Estos programas pueden ser apoyados por el gobierno, organizaciones benéficas, iglesias y donantes individuales. Muchas ciudades también tienen periódicos callejeros, que son publicaciones diseñadas para ofrecer oportunidades de empleo a las personas sin hogar.

¿Qué ocurre cuando Covid llegó al mundo?

Las personas que viven en la calle pueden tener más problemas de salud que otras. Muchos de los problemas a los que se enfrentan las personas sin hogar pueden empeorar su salud, algunos de ellos son

1. Acceso limitado a la atención sanitaria
2. Falta de alimentos
3. Problemas de seguridad
4. Condiciones de vida insalubres
5. Exposición al mal tiempo

Pues bien, cuando el Covid- 19 llegó al mundo todo se puso al revés. Si la situación sanitaria es muy complicada para la gente que tiene una casa y los servicios médicos para alguien que vive en la calle la situación es realmente mala.

Laura Viera A© Solkes

Cuando Covid – 19 llegó a nuestras vidas, los primeros sentimientos fueron de incredulidad y desinformación. La mayoría de nosotros estábamos confinados en casa, pero las personas que vivían en la calle se encontraban solas. Cerraron los recursos para ducharse, comer y descansar y pasaron semanas antes de que se abrieran otros.

Según los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades), muchas de las personas sin hogar son adultos mayores o tienen enfermedades subyacentes, por lo que pueden tener un mayor riesgo de padecer enfermedades graves que la población general. En consecuencia, son un grupo especialmente vulnerable. En la medida de lo posible, la identificación de entornos no congestionados en los que puedan alojarse las personas con mayor riesgo puede ayudar a protegerlas del COVID-19.

Sin duda, son las víctimas invisibles del COVID-19. Nadie parece tener idea de cuántas personas sin hogar han muerto.

Sin embargo, la mayoría de las personas que viven en la calle no han podido ser confinadas por no tener hogar. Se han encontrado solos en la calle durante días, con más presencia policial y con información cambiante sobre el cierre y la apertura de recursos.

Las dos primeras semanas del estado de alarma y confinamiento fueron especialmente duras para las personas que viven en la calle. El cierre de los parques públicos obligó a muchas personas a cambiar el lugar donde dormían; las personas que dormían en los cajeros automáticos cerrados y las que dormían en la entrada de estaciones como la de Sants tuvieron que ser trasladadas porque la seguridad privada tuvo que echarlas.

Los comedores sociales y los servicios de duchas y roperos tuvieron que ser readaptados y se cerraron una veintena; los pocos vestuarios para dejar las pertenencias durante el día también se cerraron y no quedó ningún espacio donde la gente pudiera refugiarse o descansar.

Las medidas adoptadas por los gobiernos para hacer frente a la pandemia de Covid 19 se basaron en un modelo familiar con las necesidades básicas cubiertas y un hábitat, que para millones de personas -especialmente niños- en América Latina, han sido difíciles o imposibles de implementar.

El reto con la pandemia fue pensar en la protección y el cuidado como un sistema. Es fundamental un enfoque holístico que incorpore la integralidad del niño.

Ante esta situación, parece importante preguntarse qué pasa con los niños y adolescentes de la calle, que mantienen su vínculo con el espacio público para realizar sus prácticas de supervivencia. El encierro social no sólo no parece ser una posibilidad para muchos de ellos, sino que en otros casos, puede convertirse en situaciones que profundizan su vulnerabilidad.

Concluyendo

Las personas sin hogar se enfrentan a muchos retos. A la hora de elegir dónde vagar, la mayoría prefiere el centro de las ciudades. Se han dado casos en los que los habitantes de la calle son utilizados con fines poco éticos y legales.

Cada noche, cientos de miles de personas se quedan sin hogar en algún lugar del mundo. Algunas de estas personas experimentan un desamparo crónico, mientras que otras han perdido temporalmente su refugio. Las razones por las que se encuentran sin hogar son complejas.

Experimentar la falta de hogar, ya sea de forma puntual o crónica, puede dejar sin cubrir las necesidades básicas. El calor, la ropa seca, el agua y la comida nunca están garantizados cada día. Si no se satisfacen las necesidades humanas básicas, las personas que experimentan la falta de hogar pueden tener más dificultades para superar su situación.

Como ningún otro habitante del planeta, estas personas viven al día y hacen lo que sea para sobrevivir. Están marginados no sólo en la vida, sino también en la muerte.

No hay bibliografía relacionada.

Deja un comentario