Vivir en una ciudad con bipolar

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Bogotá, la capital de Colombia, con todo y sus problemas de inseguridad, de movilidad y de civismo de algunos de sus habitantes es una ciudad maravillosa: llena de contrastes, de paisajes, planes y escenarios totalmente diferentes y además recientemente gracias a los avances que ha tenido el país en materia de seguridad y de inversión extranjera es una ciudad absolutamente pluricultural donde fácilmente puede uno encontrar coreanos comiendo Bandeja paisa y gringos y europeos fascinados con el Ajiaco.

Juanita Bernal Sanint © Solkes

La ciudad

La ciudad se ha vuelto además una de las grandes capitales latinoamericanas en cuanto a oferta cultural y gastronómica se refiere, hay escenarios, espectáculos y restaurantes para todo tipo de gustos y paladares: muestra de esto es la reciente inauguración en Usaquén, un barrio colonial de tradición, del restaurante de renombre mundial, con sedes en París, Ginebra, Dubai, Nueva York y Tokio Le Ralais de l´entrecote.

La sucursal de la fría cuidad capitalina es por ahora la primera y única en Latinoamérica.

La amplia oferta cultural y gastronómica es apenas uno de los tantos elementos que encantan a los extranjeros que vienen por acá y que encuentran una ciudad mucho más desarrollada, agradable y competitiva a nivel mundial de lo que se imaginaban cuando seguramente con algo de temor tomaron la decisión de venir por una u otra razón.

Seguramente no es del todo culpa de ellos: los medios de comunicación, el cine y la literatura muestran una Bogotá Macondiana, atrasada, tropical, asilada del mundo y ubicada en la mitad de la selva que poco o nada tiene que ver con la realidad con la que se encuentran al llegar.

Cabe recordar que ha habido películas de Hollywood como El señor y Señora Smith que muestran un escenario selvático lleno de árboles y caminos despoblados y sale un letrero mientras tanto anunciando que esa parte de la historia se sitúa en Bogotá, Colombia.

Hermosos cerros y estrellas cercabas

Una de las cosas que más les gusta es que la ciudad está rodeada de hermosos cerros y esto no es tan común en cascos urbanos, tener acceso tan cerca, por lo menos a la vista a una basta naturaleza como la que hay en Bogotá.

Juanita Bernal Sanint © Solkes

Cierto es que mirar a los cerros, o mejor dicho, mirar al horizonte y toparse con los cerros es muy relajante y agradable pero eso también implica que el clima de la ciudad en teoría sea un poco montés y que supuestamente sea una ciudad de clima frío y altitud superior que llega a ser abrumadora en ocasiones.

Quienes vivimos acá ya estamos acostumbrados y no nos afecta en lo más mínimo pero para nuestros visitantes puede ser un poco difícil acostumbrarse los primeros días e incluso a veces puede generar quebrantos en la salud: 2600 metros sobre el nivel del mar no es cualquier cosa.

De hecho, si uno ve fotos de Bogotá en la primera mitad del siglo XX se encuentra con que gracias a su clima frio y las bajas temperaturas que había regularmente era necesario usar gabardinas, sacos de paño y otros implementos de invierno, cosa que actualmente, cuando en días pasados llegó a haber temperaturas de 25 grados centígrados a la sombra, pareciera prácticamente imposible pero así fue.

Es cierto que el calentamiento global y otros factores externos cómo la sobre urbanización y la súper población han calentado las ciudades, pero temperaturas de verano y de poblaciones en tierra caliente tampoco son normales en Bogotá y se deben a fenómenos climáticos como el Fenómeno de la niña caracterizado por largos periodos de sequía y altas temperaturas.

Es cierto que los bogotanos disfrutamos de estas épocas en las que no llueve y hace calor, aprovechamos para desempolvar la ropa tropical que poco podemos usar, salimos a los parques y a las calles y tomamos el sol, se ve gente en la calle tomando batidos y bebidas heladas de todo tipo y por un momento llegamos incluso a soñar y a transportarnos mentalmente a que somos un país con estaciones y estamos disfrutando del verano.

Con su propio clima

Sin embargo, la realidad es otra: no tenemos estaciones y por lo tanto cada ciudad tiene su propio clima característico y cuando pasa de ser relativamente fría a ser muy caliente es porque algo no anda bien con los fenómenos de la naturaleza.

En este momento por ejemplo, hay una gran posibilidad de que por la sequía y los niveles de los embalses de agua generadores de energía el país se vea enfrentado a tener que hacer racionamientos obligatorios y programados de la energía, entonces de repente, todo el mundo empieza a hacer fuerza para que vuelva la temporada de lluvias.

Nessa Twix © Solkes

Otro problema que existe cuando el calor y el verano nos acompañan, es que al ser en teoría una ciudad de clima frío, no estamos preparados para las olas de calor como las que ocurrieron a principio de este año. En muchos de los lugares públicos no hay aire acondicionado, los sitios son más bien cerrados y con poca ventilación, por no decir que al no ser un país con estaciones obviamente los lugares de vivienda no cuentan con sistemas de calefacción ni de aire acondicionado y en las casas simplemente hay que adaptarse a la temperatura que esté haciendo afuera porque en teoría es más o menos la misma.

Aunque es cierto que estamos todos haciendo fuerza para que comience a llover porque el verano esta vez ya ha sido extremo y ha causado muchos estragos, para nadie es un secreto que las temporadas de lluvia en Bogotá suelen ser especialmente caóticas y eso que hay otras ciudades del país.

Esto, sin mencionar las poblaciones rurales que suelen inundarse y normalmente hay serios problemas de abastecimiento, que son mucho peores por problemas estructurales y de construcción de las mismas.

Ejemplo de ello, Barranquilla donde en las calles se forman unos arroyos abismales y los vehículos tienen que quedarse quietos en el lugar que les agarre el aguacero porque es imposible y peligroso desplazarse.

Un clima loco y cambiante

En Bogotá aunque no llega a estos extremos, también hay inundaciones en las calles y muchos problemas derivados de las lluvias además porque acá hay una característica: generalmente no llueve poco, llueve por tres, cuatro o incluso más horas y cuando lo hace es de manera torrencial, muchas veces acompañado por fuertes granizadas que nos transportan a la más fría de las nevadas en épocas de invierno en el hemisferio norte.

Es preciso cuando dejamos el paraguas en casa cuando cae un aguacero y nos lavamos.

Los ciudadanos y los transeúntes puede que estén más preparados para la lluvia que para el calor, que tengan atuendos más apropiados y con seguridad absoluta una o varias sombrillas sin embargo el problema es que cómo el clima es tan cambiante y Murphy pareciera ser ese ser omnipresente siempre en contra de nosotros.

Pero el problema va mucho más allá de un par o cientos de personas empapadas: empieza a llover en Bogotá y el caos arrecia: la movilidad se pone imposible, el transporte público de por sí insuficiente colapsa, los taxis no paran porque trabajar con el tráfico que se forma no les justifica, el tráfico por las principales vías de la ciudad es desesperante y la ciudad pareciera hacer huelga por el tiempo que dura el aguacero que por lo general es varias horas.

Ciudad bipolar

Este clima loco y cambiante que tenemos en Bogotá es uno de esos aspectos que no deja de sorprender a los extranjeros: no entienden cómo se puede pasar en el mismo día, es más en cuestión de horas, de bajas temperaturas en la noche y en la madrugada y la necesidad de usar cobijas abrigadas y hasta medias para dormir a sentir tanto calor en el transcurso del día y terminar posiblemente con un fuerte aguacero en las horas de la tarde.

Juanita Bernal Sanint © Solkes

Y sí, es absurdo porque además es tan variable que en la mayoría de los casos hasta el más acertado de los canales del clima y los pronósticos de la temperatura suele fallar y por lo tanto no sabe uno cómo vestirse ni que clima le espera a lo largo del día porque quienes viven en Lima seguro extrañarán la lluvia y quienes habitan en Londres les gustaría verse la cara con más frecuencia con el sol.

Pero ya están acostumbrados y saben como prepararse, no como acá que pasa uno en un mismo día por todos los climas y temperaturas posibles.

Es por eso es que en Colombia hay que vestirse como si fuéramos cebollas, por capas y así irse quitando o poniendo la ropa de acuerdo con el clima que esté haciendo en ese justo momento y a su vez adaptarse al calor para el que no estamos preparados o la lluvia caótica que despelota y desordena a la ciudad.

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