Entrevista: Rayo Lujuán

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Rayo Luján nació el 30 de enero de 1973 en Medellín, Colombia, ciudad donde permaneció hasta los doce años cuando su familia se trasladó a Bogotá, capital de Colombia. Productora, gestora cultural y soñadora como ella misma se denomina.

La clase magistral de cine

A los 19 años, recién terminado su bachillerato, entró al equipo de producción de la película La Gente de la Universal, película dirigida por Felipe Aljure, largometraje de humor negro colombiano. El rodaje, filmado “a lo vieja escuela”, duró tres meses seguidos, trabajo que Rayo llama su clase magistral del cine, al finalizar se mantuvo trabajando como asistente para el equipo de dirección.

Las Productoras © Solkes

C.S: ¿Cómo fue su vinculación al cine?

Rayo Lujuán: Mi vinculación al cine y al arte en general fue desde muy pequeña, mi mamá había intentado hacer teatro con un grupo bogotano “La Mama”, bajo la dirección de Edy Armando. Su mejor amiga, Graciela Méndez, actriz de La Candelaria Bogotá, uno de los grandes grupos de teatro de Colombia, la vinculó con este mundo del teatro. Simón Mateo, hijo de Graciela, mi hermano y yo crecimos juntos entre bambalinas.

Enamorada del escenario

Desde la primera vez que olí un escenario me enamoré y desde ahí soñé con ser yo la que se presentaba. A mi padre también le encantaba hacer recorridos domingueros. Recuerdo mucho que me llevaba a visitar museos e iglesias, donde analizábamos o él me contaba sobre las artes plásticas (pinturas, escultura), además hacíamos maratones de películas de todo tipo en casa.

Las Productoras © Solkes

Con el pasar del tiempo, Simón Mateo entró a la Universidad Nacional a estudiar cine y televisión, nuestro gran sueño después de que terminásemos el colegio.

En ese momento él fue escogido por parte de la universidad para realizar su práctica como auxiliar de producción.

Le rogué que me ayudara a entrar, dijimos que yo estaba próxima a estudiar cine, pero que por supuesto tenía noción de producción (la gran mentira de mi vida).

Recuerdo que me hacían preguntas técnicas y yo solo respondía -sí claro, yo entiendo, o sí, sí, como no, como si supiera de qué me estaban hablando.

El director, Felipe Aljure, y Guillermo Valle, su asistente de dirección, solo se reían y creo que vieron en mí unas ganas profundas de ayudar y de que realmente no sabía mucho del tema.

A pesar de esto me dieron la oportunidad; los próximos seis meses o más fueron de mucha intensidad y aprendizaje: fueron mis clases magistrales del cine en producción, trabajos con cinta 35 mm, logré saber que era quemar cinta cinematográfica antes de que el digital se apoderara, fue una experiencia realmente increíble, el mejor inicio y confirmación de mi pasión.

Cine Colombiano

La forma y época en la que me eduqué cinematográficamente fue a través de historias muy rudas, del narcotráfico, de la realidad bizarra de Colombia de los años setenta y ochenta, la miseria hecha mercado.

Me divertí mucho con “La Gente de la Universal” porque era una película de humor negro y detectivesca que marcó una diferencia en mi carrera profesional.

Luego en la universidad entré a estudiar teatro, encontré un grupo de chicos de comunicación social con los cuales formé un nicho bajo la dirección de Giovanny Quintero para realizar cine, un mediometraje de ficción futurista, divertidísimo, sin embargo este proyecto casi me costó el semestre porque no asistía a las clases de teatro, ahí me di cuenta de que realmente mi pasión era más cinematográfica que actoral. La película gustó y ganó una mención de honor en la Habana.

Posteriormente actué en el mediometraje “Suele suceder” de Sandra Higuita “Piro”, obra que ganó varios reconocimientos internacionales a pesar de ser su primera realización, Piro fue durante 9 años la asistente de Víctor Gaviria y a través de Víctor vimos llegar a Cannes la película “La Vendedora de Rosas” y a sus actores naturales, término que siempre me generó conflicto cuando estudiaba teatro, los actores naturales se volvieron un recurso que dio frescura al cine en cuanto caras en un país absolutamente televisivo.

Aprendí de directores como Luis Ospina, con sus cortometrajes experimentales y Documentales, el director Carlos Mayolo con películas como “Carne de tu Carne” grandes maestros. Los vi ya grande, en su tiempo era una niña o no había nacido.

Los más jóvenes de la oleada caleña con películas como “Perro come perro” de Carlos Moreno, Jorge Navas con “la sangre y la lluvia” en fin me quedó muy corta porque Caliwood tiene mucho más.

Con Diego García Moreno, gran documentalista, y Sergio García, hermano de Diego y director de fotografía compartí y aprendí escuchando sus historias, experiencias muy significativas en mi vida.

Tuve la suerte de ver el cine llegar a historias más profundas de nuestra historia y costumbres, otros conflictos personales, temas más variados, película “El Baúl Rosado” de Libia Stella Gómez, muchas, muchas mas. Convierten el crecimiento del cine colombiano en una realidad constante, trabajos por estrenar que no salían por conflictos de producción, trabajar con actores de la talla de Álvaro Rodríguez “Apatía”, una película de carretera, Alvarito, que sino esta en 15 películas está en todas.

En 2016 es casi imposible contar los jóvenes creadores que están saliendo a luz. También es casi imposible no mencionar “El Abrazo de la Serpiente”, de Ciro Guerra, que fue nominada al premio Óscar, también ganadora en premios latino, Cannes, Odesa, Perú.

Las Productoras © Solkes

Películas como esta me hacen pensar que vamos por buen camino. Llevo viviendo fuera de Colombia como 5 años y aunque estoy desactualizada logro percibir de lejos una industria en constante crecimiento en cuanto a historias y niveles de producción.

El público es un factor que todavía falta por terminar de conquistar o culturizar, las salas deben llenarse más, es aquí donde terminaremos de probar que el cine colombiano ha evolucionado. Mi historia es chiquita al lado de estos grandes pero estamos con la energía de hacer y aprender cada vez más y más.

Sobre ella

C.S: ¿Por qué el nombre Rayo Luján?

Rayo Lujuán: Cuando nací, mi padre biológico, Arístides Ríos, me vio y dijo —es un rayito de luna, mis padres muy jóvenes y hippies me han llamado así hasta el día de hoy. Rosa María es el nombre de mi abuela paterna, cuando me bautizaron ella escogió el nombre, pero sin dejar nunca de llamarme Rayito. Casi nunca respondo a Rosa María, aunque llevo el nombre de mi abuela en el corazón.

C.S: Rayo, ¿y tu educación?

Rayo Lujuán: Tomé clases de teatro en la Universidad de Antioquia, educación que me dio todo el conocimiento sobre estética, historia del arte y sobre todo me ayudó a entender y conocer el mundo del actor y del teatro, pero sin olvidar mi gran pasión por el cine.

He asistido a talleres, conversatorios sobre todo tipo de arte; cine, teatro y danza etc. Me eduqué haciéndome; leyendo, de una manera empírica, y sabiendo escoger maestros y aprendiendo a diario, fue un oficio que se me hizo con el hacer, el tiempo y las regañadas. Me eduqué cuando llegué a Bogotá y desarrollé varios trabajos audiovisuales en grupos “underground” buscando la equidad de género y políticas públicas hacia la mujer.

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Mi personalidad inquieta y el gusto por el arte me hicieron curiosamente vincularme con festivales de música, aprendí todas las características de su realización, igualmente con las artes plásticas, artes escénicas, fotografía, danza y el desarrollo de proyectos cinematográficos que llegaron a ganar premios internacionales, fondos como el Fun Sud, Ibermedia, Proimágenes Colombia etc. Participé en Venezuela como jurado del festival de cine “Clemente de la Cerda”. Aprendí amando el cine independiente y soñando el paso a paso de cada nuevo proyecto, me he convertido en una “todo terreno” de la producción artística.

C.S: ¿Qué es para ti la producción?

Rayo Lujuán: La producción para mí es el arte de la magia de los sueños, me siento como una hacedora de sueños, tomar ideas, colores, sonidos del aire y aterrizarlos en proyectos que terminan materializándose es excitante, más si su contenido tiene un fin hacia a la humanidad, verlos convertidos en imágenes, historias o sonrisas de la gente en un festival es lo más gratificante de la vida, más bien es la vida misma.

C.S: Si estudió teatro, ¿por qué nunca actuó?

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Rayo Lujuán: Nunca superé el pánico escénico, me siento más cómoda al lado de los actores o detrás de cámaras, ahí me muestro muy versátil, también estaba en un momento muy caótico de mi vida, así que fue algo que se quedó en el camino pero abrió el portillo para nuevas experiencias. Disfruto mucho de la dirección de actores; los conozco, conozco su mundo, lo vivo igual, y me ha ido muy bien las veces que he asistido a directores.

Sin embargo sigo siendo una actriz, día a día gozo del histrionismo; en la vida fluyo como una actriz para gestar proyectos.

Tengo esa capacidad para apropiarme de cada uno de ellos con su disciplina, adopto su técnica y los requerimientos de cada uno, me vuelvo bailarina en una creación o en un festival y viajo en su mundo, al igual con la música y las demás artes.

C.S: ¿Cuál es tu arte favorito?

Rayo Lujuán: La verdad el arte en sí mismo, pues considero que es la herramienta más fantástica espiritual y emotiva de la humanidad para hablar de sí misma, de su existencia y resistencia a los grandes embaucadores del poder, aunque en el cine están todititas junticas. Ese es mi bebé.

C.S: ¿Último proyecto?

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Rayo LujuánA inicios de año dirigí el VI Festival Algoimagen Costa Rica 2016, el cual vincula todas las artes escénicas e involucra como herramienta el audiovisual y la multimedia. Con este festival gané el premio Iberescena 2016. El Festival Algoimagen nació en Colombia lo fundó una gran amiga, María Paola Reina.

Allá se llevaron a cabo las primeras cinco versiones y luego, a raíz de que muchos de los que trabajamos en el proyecto salimos del país, “se durmió nuestro león”. Ya en suelo tico decidí revivir el proyecto y fue todo un éxito. Algoimagen es un festival a la vanguardia de las grandes cosas que pasan en el mundo, video mapping con todas las artes. Muy plástico emocionante.

Mi paso por Costa Rica me abrió las puertas nuevamente a las artes escénicas, he trabajado en grupos de teatro y con bailarines, trabajé de la mano de Fred Herrera en la producción del primer festival Internacional de Danza Butoh realizado en Costa Rica, todo esto ha sido un nuevo camino de descubrimiento y aprendizaje que me ha alejado del cine pero ha abierto otras puertas muy interesantes.

Consolidación

Artísticamente siento que me consolido a cada paso y que mis grandes realizaciones están por venir, soy una artista joven en el cuerpo de una mujer madura, en el momento estoy en calma, y con el tiempo y la mente en dirección hacia mis objetivos.

C.S: Se viene “Infinito” una obra danza-teatro multimedia, en este momento la obra se encuentra en desarrollo y escritura del texto. Estoy trabajando con un grupo amplio de artistas que he encontrado en el camino; a unos les he ayudado a realizar sus proyectos y en otras ocasiones ellos me han ayudado a mí. Siento que llegó la hora de realizar algo directamente mío, que plasme todo ese camino y aprendizaje de todos estos años y claramente realizar mis propias aventuras.

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“Infinito” es una coproducción entre Costa Rica, Colombia y Chile. Es la mirada de una joven indígena perdida en la gran ciudad, aquella capaz de tragárselo todo, incluso a las personas, una visión chamánica con el contraste rudo del concreto. Otro proyecto en mente es llevar a cabo, en Bogotá, la séptima versión del Festival Algoimagen en 2017. Esta sería la primera versión internacional y la primera versión en generar un montaje a través de un laboratorio experimental entre México y Colombia.

El arte sí nos puede hacer mejores personas para nuestra humanidad, visionarios y críticos. Por esto mismo debemos fomentar el arte en cualqueira de sus ramas. Sin ellas, las personas serían vacíos tanto en la mente como en el alma.

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