A problem of communication (esp)

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Hay un momento en el que estás confundido y tratás de crear sentido por tu cuenta. Escribís o hablás a quien quiera escuchar y todo es muy abstracto y nadie, ni siquiera vos después de un tiempo, sabe de lo que estás hablando. Pero ese momento es vital y, si pasa, y llegas a cierta edad, tu modo por defecto termina siendo que no hay un sentido, porque no se lo encontraste. Estamos en ese periodo.

Randy Layborn for Unsplash © Solkes

No espero que pienses en lo que digo relacionándolo conmigo porque son cosas que casi nadie conoce, sino que lo relaciones con la vida misma ¿entendés? Aunque no te haya pasado, tratá de comprenderlo un poco porque, no sé si te dijeron en lengua o alguna otra materia que las cosas hay que leerlas más de una vez para la comprensión y yo soy lo suficientemente poco claro para que me tengan que leer más de una vez, ya que las cosas no siempre tienen una fácil explicación. No.

Obviamente, es más fácil negar lo que es afirmado por el interlocutor en forma explícita que lo que puede deducirse a partir de un trabajo de interpretación ¿por qué alguien se tomaría ese trabajo? Pueden decir “no”, “¿qué?”, “no te entiendo”, pero este sigue siendo un ejemplo burdo.

La realidad es peor, ni siquiera llegás a establecer ni parcialmente la posibilidad de que vos querrías decir todo ese párrafo para que te lo nieguen.

Exponerse a hablar es exponerse al silencio, respuesta mucho peor que el detrimento. Para hablar, terminás cayendo en un clisé que, sí, tiene algo de tierno, un elemento trillado que está bueno a veces, validándote con frases como “así es la vida” y la mínima conformidad en que al menos dejaste algo implícito, aunque sea resignación, con una mirada cómplice que no lleva a nada, porque de ese clisé, con esa mirada, a ese párrafo incomprensible y al entendimiento del otro hay millones de años luz de distancia. Entonces las frases hechas no te ayudan.

Incluso si no modulo bien puedo tener problemas más allá de repetirme: pude hablar dicho “blablabla” pero se pudo haber escuchado “blabablabablaba” o hasta “albalbalb” y no siempre estás seguro de que la respuesta regresa por lo que de hecho dijiste o por un malentendido.

En medio de cada minuto podría tener un pensamiento que me salve si puedo interpretarlo bien ¿Por qué hay algo que hace que lo tenga que borrar? ¿por qué lo que llega a las paredes más cercanas de mi mente y hasta mi boca es aturdido y distorsionado si eso podría ayudarme? ¿Qué debo hacer para aprender de todo y poder sobrepasar de una vez para siempre esos obstáculos? ¿Será una intención de potencial que nunca puedo alcanzar? ¿qué nada es suficientemente bueno entonces es mejor nada?

Hay alguien que puede pensar que la mejor solución es ser directo, decir lo que se piensa sin matices sea lo que sea y algo quedará, pero la enorme contestación de la realidad, triste y súbita frente a un nuevo silencio no puede ser otra que las dos palabras más terribles a quien busca reglas: a veces.

Laura Viera A © Solkes

Porque no es solo eso, no sos solo vos y tu mente, es el otro, elegir al otro y que el otro te acepte a vos mientras buscás entenderte, más allá de cualquier norma de la decencia, que real y activamente te escuche. Pero basta con pensar y reconstruir en la propia mente los pensamientos del otro para comenzar a rupturar una relación.

En este sentido podés ser engañado o engañarte a vos mismo de cuánto de una interacción es verdad. Cuando, lejos de todos los doble sentidos, ironías, criticismos velados, y junto a todas las opiniones en las que tanto uno como otro pueden no estar de acuerdo, sentís que hay una conexión real y al final no lo hay.

Esas son las relaciones que te vuelven paranoico, ellos son los que no te dejan estar tranquilo, con su falta de honestidad emocional; con su carta bajo la mesa, incluso si piensan que es lo que necesitás y en un momento particular te hace bien, nada se resuelve. También puede ser tu culpa, que ellos realmente hayan intentado y eras vos simplemente no pudiendo ver su frustración, su imposibilidad, o peor, viéndola y frustrándote por no encontrarle la vuelta.
Esto es lo que solía hacer, comenzar con un enunciado muy abstracto:

A esta gente no la entiendo

Hacia una víctima que me escucha y responde:

No te cambia absolutamente nada en lo más mínimo
Sí, porque si los entendiera capaz lo podría aprovechar
Pero no los entendés, cosa que ni te va bien ni mal
No, me va mal, me va mal. Sea lo que sea, es feo no entender, te sentís tonto

Esta persona incluso trata de empatizar con un comentario secundario, pero todo tiene un límite y pregunta de qué estamos hablando:

Está bien, comparto el sentimiento pero ¿qué es lo que no entendés?
Qué los hace vivir, qué ganan comportándose de esa manera, qué mierda tiene de entretenido hablar de lo que hablan

Luego quiénes:

Y esos ¿qué son, políticos? ¿gente que vive del chisme? ¿quiénes?

No se la hago fácil:Gente normal
Muy en el fondo creo que entiendo.

Y hasta yo me sorprendo, aunque la advertencia está: es “muy en el fondo”:

¿Entendés?
Como que nacieron así y están hechos para eso y que nada ni nadie los va a poder cambiar, y que por eso son como son

Incluso con los supuestos de que yo no soy normal (y que esta persona tampoco lo es, dado que habla en tercera persona) no la animo por su esfuerzo, la sigo:

Can Anthem for Unsplash © Solkes

Sí, bueno, eso más que entender, es aceptar ¿pero de qué te sirve?
De que te resignes a que cambien y vivas tu vida sin pensar si quiera un segundo en ellos
Sí, bueno, pero si no encuentro más gente como yo pronto eso va a ser imposible. Los necesito mínimamente para las cosas más triviales salir a bailar, jugar un partido de tenis, fútbol, porque para eso están para mí

Si te ubicás en un espacio de ajenidad, ahí es donde te van a encontrar. No ayuda hacer referencias a usar a la gente:

Es medio raro lo que decís igual.

Sé que con alguien medianamente parecido a mí no la pasaría bien en un boliche por ejemplo, pero con un pibe que no tengo nada de qué hablar capaz que sí

Hace un último intento de encarrilar la situación con humor:

La solución: buscate gente que le guste la joda
Sí, la verdad es que lo intenté

Pero todo tiene un límite. Y si encima hacés cargo a otra persona de tu depresión, de tus fantasmas, es mucho. A nadie podés exigirle algo así.

Pero ¿dónde vivís vos? ¿en Marte?

Tanto altas pretensiones como muy bajas es un problema. Esperar mucho o no esperar nada del otro para comunicarte no te puede llevar muy lejos, pero seguís necesitando un compañero para todo esto y, cada tanto, tu mente nuevamente quiere hacerte creer que lo encontraste sin mucho esfuerzo de tu parte, solo al tener intercambios como este:

Lo que no me gusta es ver que la otra persona esté como que no sabe que decirme, cuando uno es siempre el que tiene que seguir el hilo de la conversación para seguir hablando o incluso crear uno nuevo, eso a mí me pasa mucho

¿O sea que te suelen no contestar?
A veces se ve cuando la conversación no da para mucho.
O que la conversación se torna monótona, y de un solo lado.
La representación más común es el “¿qué contás?”
“¿Y? Contate algo”

Pero por qué no te siguen el hilo de la conversación, qué considerás que no es monótono fuera de la metacomunicación, son los elementos que no ves en ese primer momento de comunión y luego afectan de muerte. Yo tuve esa misma conversación con alguien, ahora la reproduzco y me gusta su contenido, pero no tengo el mínimo recuerdo de con quién la tuve, no deja de ser superficial.

Hablar permanentemente con alguien de algo en que estás de acuerdo es tan estúpido como hablar de algo en que sabés que nunca vas a coincidir.

Es en la posibilidad de convencer a alguien de algo, aunque sea mínima, en que está la emoción, la vida: desde conquistar a alguien y tener una entrevista con la que obtengas un empleo a esto: cómo proyectar mis ganas de vivir, pedir por un punto de encuentro y ejercerlo con todos. Y esa posibilidad es, de hecho, mínima.

Tus experiencias fallidas te moldean.

Por parte únicamente del otro, hay una facilidad muy rápida por asumir que se entendió todo de una primera vez, sin derecho a réplica ni beneficio de la duda. Pero eso es peligroso, da derecho al otro a recomponer nuestra declaración si asumimos que es honesto, y a tergiversar, si asumimos que es perverso. Las dos son igual de perjudiciales si lo que querés es que te vean como sos.

El otro punto importante son las interrupciones. Mi sueño, literalmente mi sueño al ver películas o leer libros es tener esa clase de conversaciones en las que puedo decir algo y otra persona, estando de acuerdo o no a lo que digo, espera a que termine para responder, lo cual solo lo veo en situaciones de autoridad. Es complicado porque debo elegir entre tratar de imponerme subiendo el volumen, seguir y no escucharme bien ni al otro o a mí, o modificar mi discurso sobre la marcha si el enunciado del otro lo amerita.

Solkes © Solkes

Algo que no se puede establecer correctamente acá es el canal, todo parece tan prístino en una hoja cuando usamos las herramientas que nos da el idioma, pero es diferente cuando en la realidad hay ruidos de autos, trenes que pasan, música fuerte o, mi favorita, gente que habla bajo o no modula, yo soy uno de ellos, lo hemos establecido. La gente abrevia al repetir, lo dice con otra entonación (más enfadada o alegre) o desiste.

Claro, ser paciente y estar abierto a las posibilidades aun cuando has fallado una, otra y otra vez, es importante pero no lo es todo y, en muchos casos, ni siquiera suficiente. Trato con toda mi fuerza de saber que está pensando el otro hasta que me pongo rojo y me explota la cabeza. Ya no hablo porque no creo tener la capacidad para hacerlo, dejo de internarlo. Otros no hablan por pensar que no les incumbe. Así es como todos se quedan callados.

Esto le puede pasar a otros. Un problema de comunicación es un problema comunitario, de los alcances de un virus a la mente que puede recaer en el cuerpo y crecés y la necesidad de usar palabras cada vez más complejas para explicar lo que sos parece obligatoria, como si las simples fueran menores. Asumís que sos mejor o que no servís para esto. Y desistís. Yo no quiero buscar otra forma para decir lo mismo complicando el lenguaje. Yo quiero comprender mejor una parte de la verdad de mi mismo.

Incluso en el caso de considerar todos estos aspectos a la hora de elaborar un enunciado con la esencia del primero tu interlocutor tal vez no lo entienda o, peor aún, tal vez lo entienda, y nunca más de pueda ver a los ojos de la misma manera, pero es todo lo que podés hacer para crecer. De cualquier manera, te pedí la sal.

No hay bibliografía relacionada.

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