Viajando en cultura

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Venía de Caracas donde llamamos a los autobuses “furgonetas” o “cochecitos” y el metro es para temer en la hora punta. No importa cuál de estos métodos de transporte decidas usar. Siempre encontrarás a los típicos vendedores ambulantes con mercadería dudosa o mendigos pidiendo dinero con el mismo discurso sobre sus necesidades y limitaciones para ganar dinero. Las motos en mi ciudad son sinónimo de anarquía y protagonistas de nuestras mañanas… y también de las tardes, pero en ningún otro lugar del mundo tienes el privilegio de ser escoltado por grupos de guacamayos que también quieren cruzar la capital.

El cambio

La vía aérea fue el primer medio de transporte y el aeropuerto de Heathrow en Londres es la primera parada de este viaje. Cuando se menciona la capital inglesa, los autobuses rojos de dos pisos son lo primero que probablemente nos viene a la mente.

Nanaro Lacruz © Solkes

Pero este método de transporte es más que el símbolo de la ciudad, hubo numerosas veces que me hicieron encontrarme con gente inolvidable: un tipo que comenta la noticia como si fuera un periodista, pero de la que lee en su periódico, un conductor que te abre mucho la puerta y se acostumbra a ti como tú te acostumbras a él y ya no son extraños, un músico melancólico que decide contarte su historia esa noche que se separó de su banda y un tipo que se acerca y coquetea contigo y para despedirse te roba un beso.

Hay miles de vidas que visualizas por la ventana viendo pasar a la gente y millones de detalles en la calle que podías ver desde arriba en el segundo piso del autobús.

Nanaro Lacruz © Solkes

El tube

Nanaro Lacruz © Solkes

Entrar en el “tube”, nombre que los ingleses le dieron al metro, era como descender a un tipo de baño de valor seco con un olor extraño que en cierto modo acabé acostumbrando y que por su calidez era el primer lugar en el que quería estar en invierno y el último en verano. Los vagones tenían un estilo vintage, al que le tienes cariño y los rieles eran el hogar de una gran cantidad de familias de ratas.

“Mind the gap”, me robó una parte de mi corazón y memoria auditiva y el logo oficial “redondo” del metro de Londres, era como una luz al final del túnel, cada vez que me perdía explorando la ciudad.

Identificar al turista se convirtió en una tarea fácil. Bastaba con ver quién se detenía a contemplar el colorido mapa de 11 líneas, confundido, planeando su mejor ruta hacia su destino.

Los lugareños caminaban como si estuvieran programados para hacer sólo eso en su rutina y para distraerse de ellos y hacerlos enojar, la única manera era pararse del lado izquierdo de las escaleras mecánicas, cosa que el turista sabía hacer muy bien.

Al salir de los andenes, especialmente los centrales, siempre encontraba algún tipo de manifestación artística: músicos, mimos, bailarines o pintores que creaban un ambiente alegre, único e inigualable en medio del sobrio ambiente de la ciudad.

El sol de Harwich se ocultaba, al este de Inglaterra, con la hermosa vista del atardecer, me aventuré en el ferry con destino a Hoek Van Holland, Holanda. En cuestión de minutos sólo vería las luces del puerto que íbamos más lejos en la oscuridad de la noche.

Países Bajos

Con el amanecer llegamos a Holanda, después de haber dormido en medio del mar y después de un rápido desayuno a bordo el siguiente paso era tomar un tren en dirección a Amsterdam. Un tren como cualquier otro pero con una vista de ensueño; la hierba parecía más verde que en otro lugar los molinos de viento se movían lentamente con el aire fresco del verano y en el fondo había un arco iris que nos saludaba.

Nanaro Lacruz © Solkes

Cuando llegamos a la estación central era muy temprano para registrarse en el hotel y por suerte tenía a un cinéfilo como compañero de viaje que recordaba que había visto en una película que había casilleros en la estación, donde podíamos guardar nuestras mochilas e ir a matar el tiempo vagando por la pequeña ciudad de mi manera favorita: caminando. Y qué mejor manera de hacerlo ya que soy un experto en caminatas, un guía que no pide más que lo que puede ofrecer a cambio de mostrar los lugares más famosos y curiosos de la ciudad.

Terminando nuestro recorrido, muy hambrientos, nos atrevimos a tomar el tranvía en las estaciones donde no entendíamos ni una palabra, y con suerte pudimos entender el nombre de la estación que nos correspondía, en poco tiempo empezamos a entender el idioma y reconocimos la mayoría de las estaciones.

Los holandeses y París

El cuarto día estuvimos muy cómodos y decidimos usar el típico transporte de Ámsterdam: ¡la bicicleta!

Vale la pena mencionar que como los londinenses no soportan al turista a la izquierda de las escaleras mecánicas, los holandeses pueden ser muy testarudos cuando no vas a su mismo ritmo y por accidente te cruzas en su camino; por eso mi experiencia en dos ruedas fue protagonizada por los sonidos de campanas que sonaban repetidamente para que yo me apartara de su camino, pero sin dejar de lado la increíble sensación de libertad que sentí en ese momento.

Al día siguiente subimos al autobús que nos dejó en Bruselas, donde no encontré nada especial en el transporte, pero fue una bonita parada de dos días donde después tomamos otro autobús a París.

Nanaro Lacruz © Solkes

El metro parisino resultó ser una total contradicción del glamour de esta capital de la moda. Las paredes estaban manchadas por la filtración del agua, los asientos del vagón no transmitían confianza para sentarse en ellos y el olor era simplemente terrible, sin hablar de la antipatía de los vendedores de billetes y otros viajeros; incluso con eso vale la pena sumergirse en ese inframundo porque la recompensa va a la superficie.

Barcelona

Foto: Nanaro Lacruz © Solkes

Ese fue el último destino por tierra y después de que voláramos a Barcelona. Por un poco de despiste tomamos un vuelo que llegó a Reus, Estragón y por eso tuvimos que hacer un viaje de una hora para llegar a nuestro destino, al llegar a Barcelona me sorprendió la similitud de las calles y edificios con Caracas.

Al llegar a la terminal, de mis amigos le pregunté al conductor cómo llegar a esta dirección que era el hotel donde nos alojábamos, no supimos cómo reaccionar cuando nos dijo de manera muy amable las indicaciones y la ruta era de 40 minutos en metro y se encontraba en los alrededores de Barcelona, otra ciudad llamada Badalona.

Estábamos muy cansados y con un nivel básico de catalán y después de pelearnos con la máquina para comprar nuestros billetes de metro, nos subimos al vagón casi vacíos sólo deseando poder dormir, cuando llegamos al hotel era medianoche y por suerte el personal todavía estaba allí para recibirnos. Al día siguiente, después de descansar y con la luz del sol, nos fuimos a Barcelona. El metro era completamente diferente lleno de gente y la mayoría con su aspecto de verano y muy ruidoso al hablar y algunos aparentemente no conocían el desodorante, y por eso probablemente memorizo más rápido la palabra “sortida” en catalán y “salida” en español.

El final del viaje

Con esto como mi último destino del viaje, hoy me doy cuenta de lo diferentes que son los métodos de transporte en los distintos países y de los aspectos buenos y malos que podrían tener.

El transporte público de una ciudad es muy importante en su identidad y eso funciona para aprender sobre su cultura, los diferentes estilos de vida e incluso un poco del idioma. Así que mi consejo para cualquier viajero es que salga de su zona de confort, se olvide de los taxis o de los coches de alquiler y explore el transporte público para obtener el verdadero significado de la cultura del lugar, nunca se sabe lo que está esperando para descubrir.

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