La brecha STEM de género

Uno de los días más importantes a celebrar es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, celebración que se lleva a cabo cada 11 de febrero. Pero más que una fecha conmemorativa es una fecha para observar y celebrar a quienes están construyendo el conocimiento y quiénes aún encuentran barreras para hacerlo. Sin embargo, aunque la ciencia avanza, la igualdad lo hace más despacio. Teniendo esto en cuenta, en aulas, laboratorios y comunidades de todo el mundo, niñas y jóvenes están reclamando su lugar en las disciplinas STEM. Y ese cambio comienza mucho antes de la universidad.

Qué es CTIM (STEM) y por qué importa

Cuando abordamos un tema tan decisivo como este, es fundamental comprender con precisión de qué estamos hablando. CTIM es el acrónimo en español de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas. En inglés se conoce como STEM, y en alemán como MINT (Mathematik, Informatik, Naturwissenschaften y Technik). Aunque las siglas cambian según el idioma, el núcleo es el mismo: un conjunto de disciplinas que explican, transforman y sostienen el mundo actual.

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CTIM abarca campos tan diversos como la química, la biología, la informática, la ingeniería civil, la robótica, la física, las matemáticas aplicadas y las ciencias de la vida. En los últimos años, también ha comenzado a fusionarse con áreas como la economía, la educación, la salud pública y el análisis de datos sociales, ampliando su impacto más allá del laboratorio.

Pero es esencial enfatizar que lo más relevante no son las disciplinas en sí, sino la forma en que se conectan. Con esto queremos dejar en claro que CTIM no funciona en compartimentos. Se cruza y retroalimenta.

En otras palabras, un avance en matemáticas impulsa la inteligencia artificial. Un desarrollo en biotecnología transforma la medicina. Un nuevo algoritmo redefine la forma en que accedemos a la información.

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Por eso, hablar de CTIM es hablar de cómo se diseñan las ciudades, cómo se enfrentan las crisis climáticas, cómo se desarrollan las vacunas, cómo se protege la infancia en entornos digitales y cómo se construyen sociedades más justas e innovadoras.

En otras palabras, CTIM no es solo una opción educativa. Es una herramienta para comprender y mejorar la realidad.

Entender qué es CTIM nos permite ver su alcance. Pero comprender su impacto global nos obliga a mirar más allá de las aulas.

Cuando el conocimiento científico se convierte en motor económico y político, el acceso deja de ser neutral. Y no todos los países, ni todas las personas, participan en igualdad de condiciones. Es en ese punto donde CTIM pasa de ser una disciplina académica a convertirse en un factor estratégico global.

Qué es la brecha STEM y por qué persiste

Desde 2011, organismos internacionales como el Consejo Nacional de Investigación y la Fundación Nacional para la Ciencia de Estados Unidos han señalado a las disciplinas CTIM como esenciales para el desarrollo de las sociedades tecnológicamente avanzadas.

No se trata de una tendencia pasajera. Es una transformación estructural. Las economías más competitivas son aquellas que invierten de forma sostenida en ciencia, innovación y educación técnica.

Wai Tan, Shanghai, China
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Los datos lo confirman. Según el Foro Económico Mundial, en 2016 China graduó aproximadamente 4,7 millones de profesionales en áreas CTIM. India alcanzó los 2,6 millones. Estados Unidos ocupó el tercer lugar con 568.000 graduados, seguido de cerca por Rusia.

Estas cifras reflejan una carrera global por el talento científico, donde el conocimiento se traduce en poder económico, influencia tecnológica y capacidad de innovación.

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Este liderazgo tiene consecuencias directas.

Los países con mayor número de profesionales CTIM concentran el desarrollo de tecnologías emergentes.

Así mismo, dominan sectores como la inteligencia artificial, la energía renovable, la biotecnología y la industria digital, y definen buena parte de las reglas del mercado global.

Sin embargo, este crecimiento no es equitativo. Mientras algunas regiones aceleran, otras quedan rezagadas.

Las desigualdades entre países se amplían. Y dentro de cada país, también. El acceso a la educación CTIM sigue marcado por el género, el origen socioeconómico y el territorio.

Es en este escenario donde se hace visible una realidad incómoda: el desarrollo científico no avanza al mismo ritmo que la igualdad. Y es precisamente ahí donde emerge con fuerza la brecha STEM.

STEM con enfoque de igualdad

La Unión Europea tiene un enfoque muy claro en materia de educación STEM. Este enfoque tiene un elemento que marca la diferencia: no se trata solo de competitividad económica, sino de cohesión social y equidad. Desde hace más de una década, la UE entiende que la innovación sin inclusión reproduce desigualdades.

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La estrategia europea en STEM se articula a través de programas marco como Horizon Europe, Erasmus+ y la Agenda Europea de Capacidades, que integran la ciencia, la educación y el mercado laboral. Estos programas no solo financian investigación, sino también formación temprana, movilidad académica y proyectos educativos con perspectiva de género.

Uno de los ejes centrales es la igualdad de oportunidades. La UE reconoce que la brecha STEM comienza en la infancia.

Este es el motivo por el cual se impulsan iniciativas que promueven el interés por la ciencia desde la educación primaria, con especial atención a niñas y jóvenes de contextos vulnerables. Campañas como Women and Girls in STEM o Scientix buscan visibilizar referentes femeninos y apoyar a docentes en el aula.

Además, muchos países europeos han avanzado en políticas de conciliación. Licencias parentales compartidas, horarios laborales flexibles y sistemas públicos de cuidado permiten que más mujeres permanezcan en carreras científicas sin renunciar a su vida personal. Aunque la brecha no ha desaparecido, el enfoque estructural marca una diferencia clara.

Entrando en detalle, uno de los factores que explica por qué más mujeres logran permanecer en carreras STEM en Europa son las políticas de conciliación.

En varios países europeos, el avance hacia la igualdad en ciencia ha ido de la mano de reformas estructurales que reconocen que la vida personal no es un obstáculo, sino parte del recorrido profesional.

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En países como Suecia, Noruega, Finlandia y Islandia, las licencias parentales están diseñadas para ser compartidas de forma obligatoria.

Una parte del permiso corresponde exclusivamente a cada progenitor. Si no se utiliza, se pierde.

Este modelo ha tenido un impacto directo en la participación femenina en carreras exigentes, incluidas las científicas.

Al distribuir el tiempo de cuidado, se reduce el llamado costo invisible de la maternidad, que históricamente ha frenado la progresión profesional de las mujeres en STEM. La crianza deja de ser vista como una “interrupción femenina” y pasa a ser una responsabilidad compartida.

En Alemania, la reforma del Elterngeld incentivó que más padres tomaran licencia. Esto ha tenido efectos positivos en sectores altamente cualificados, donde antes las mujeres abandonaban o ralentizaban sus carreras tras la maternidad.

Estas políticas no eliminan la brecha por sí solas. Pero sí crean condiciones más justas para que las mujeres no tengan que elegir entre la ciencia y la vida.

Otro avance clave es la flexibilización del tiempo de trabajo. En países como Países Bajos, Dinamarca y Austria, el trabajo a tiempo parcial no implica necesariamente una penalización profesional. En el ámbito académico y científico, esto ha permitido trayectorias menos lineales pero más sostenibles.

Mientras Europa apuesta por marcos regulatorios, derechos laborales y políticas públicas transversales, otras regiones del mundo abordan STEM desde una lógica distinta. Más competitiva. Más acelerada. Y, en algunos casos, más desigual.

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En gran parte de Asia, la educación STEM es una prioridad nacional. Países como China, India, Corea del Sur, Japón y Singapur han construido sus estrategias de desarrollo sobre una base sólida de formación científica y tecnológica. Aquí, STEM no es solo una política educativa. Es una herramienta de poder geopolítico.

China, por ejemplo, invierte masivamente en ciencia, inteligencia artificial y tecnología avanzada. El Estado impulsa desde edades tempranas una formación intensiva en matemáticas y ciencias, con altos niveles de exigencia. El resultado es un volumen enorme de profesionales STEM, pero también sistemas educativos altamente competitivos y, en muchos casos, poco flexibles.

India, por su parte, combina excelencia académica con profundas desigualdades internas. Mientras algunos centros tecnológicos lideran a nivel mundial, amplias capas de la población —especialmente niñas rurales— quedan fuera del sistema. La brecha de género persiste, aunque han surgido iniciativas para promover la participación femenina en ingeniería y tecnología.

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En países como Corea del Sur y Japón, la educación STEM es socialmente valorada y altamente estructurada.

Sin embargo, las largas jornadas de estudio y trabajo, junto con normas sociales tradicionales, dificultan la permanencia de muchas mujeres en carreras científicas a largo plazo. La conciliación sigue siendo uno de los grandes retos.

Singapur representa un caso particular. Ha logrado integrar excelencia académica con innovación educativa, apostando por metodologías prácticas y pensamiento crítico. Aun así, el sistema sigue siendo exigente y selectivo.

Europa y Asia muestran caminos distintos. Uno prioriza la regulación y la equidad. El otro, la velocidad y la competitividad. Pero ambos enfrentan el mismo desafío: cómo garantizar que el desarrollo STEM no deje a nadie atrás, especialmente a las mujeres.

Barreras institucionales y desigualdad educativa

Reconocer la importancia de las carreras CTIM no significa que el acceso esté garantizado. Para millones de niñas y jóvenes, el camino hacia la ciencia sigue marcado por barreras institucionales profundas y por sistemas educativos desiguales que reproducen exclusiones históricas.

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La brecha STEM se amplía especialmente en instituciones con menos recursos.

En centros educativos donde el rendimiento promedio en matemáticas es bajo, la participación femenina en carreras científicas disminuye de forma drástica.

No se trata de falta de talento. Se trata de infraestructura insuficiente, docentes sobrecargados, currículos poco actualizados y expectativas diferenciadas según el género. Todo esto afecta de manera desproporcionada a las niñas.

En América Latina, la desigualdad educativa tiene un fuerte componente territorial. En Chile, por ejemplo, persisten diferencias significativas entre zonas urbanas y rurales.

Mientras algunas escuelas cuentan con laboratorios y programas de innovación, otras apenas acceden a recursos digitales básicos.

Esta brecha limita el contacto temprano con la ciencia, especialmente para niñas de sectores rurales.

En Colombia, el panorama es aún más fragmentado. El acceso a la educación CTIM varía de forma marcada según la región.

En grandes ciudades como Bogotá o Medellín existen iniciativas robustas de formación científica.

Sin embargo, en regiones como la Amazonía, el Pacífico o zonas rurales afectadas por el conflicto armado, la educación STEM sigue siendo marginal.

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A esto se suma la falta de docentes especializados, la escasa conectividad y la necesidad de que muchas niñas abandonen la escuela para asumir tareas de cuidado.

El resultado es una exclusión silenciosa que comienza en la infancia y se profundiza con los años.

En Venezuela, la crisis económica y social ha debilitado gravemente el sistema educativo.

La migración de docentes, la falta de insumos y la precariedad institucional han reducido drásticamente las oportunidades de formación científica.

En Perú, las niñas rurales e indígenas enfrentan barreras adicionales, como la educación en una lengua que no es la materna y el acceso limitado a tecnología.

En Argentina, aunque el acceso universitario es amplio, muchas mujeres abandonan carreras STEM debido a la falta de acompañamiento institucional y a entornos académicos poco inclusivos.

Es importante recalcar que en México, los estereotipos de género siguen influyendo en la elección de estudios, mientras que en Panamá la formación docente especializada en CTIM continúa siendo limitada.

Cuando la desigualdad se vuelve global, estas barreras no son exclusivas de América Latina. Al contrario. Se repiten, con otras formas, en distintas regiones del mundo. Y cuando se observan a escala global, revelan que la brecha STEM no es solo educativa, sino también estructural y política.

La brecha STEM en África: talento sin oportunidades

En África, el potencial científico es enorme. Sin embargo, las condiciones para desarrollarlo siguen siendo profundamente desiguales. En muchos países del continente, el acceso a la educación secundaria ya es limitado. El acceso a la educación CTIM lo es aún más.

La falta de infraestructura escolar, la escasez de laboratorios, la limitada conectividad digital y la ausencia de programas específicos para niñas afectan directamente la participación femenina en STEM. En zonas rurales, muchas niñas abandonan la escuela de forma temprana debido al trabajo doméstico, los matrimonios precoces o la inseguridad.

Port Harcourt, Rivers State, Nigeria - 23rd June 2021
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Además, los modelos educativos suelen estar desconectados de las realidades locales. La ciencia se presenta como algo lejano, importado, ajeno. Sin referentes cercanos ni aplicaciones prácticas visibles, el interés se diluye. A esto se suma la escasa presencia de mujeres africanas en espacios científicos visibles, lo que refuerza la idea de que la ciencia no es un lugar para ellas.

Sin embargo, incluso cuando las niñas logran acceder a la formación, aparece otro obstáculo: la conciliación entre la vida personal y una carrera científica.

Conciliar ciencia y vida personal

Las carreras STEM suelen estar asociadas a jornadas extensas, alta exigencia, competencia constante y disponibilidad permanente. En muchos contextos, estas condiciones chocan frontalmente con las expectativas sociales que recaen sobre las mujeres.

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En la mayoría de los países, las tareas de cuidado siguen recayendo de forma desproporcionada sobre ellas.

La maternidad, el cuidado de personas mayores o la gestión del hogar se convierten en factores que limitan la continuidad profesional.

La falta de políticas de conciliación, como horarios flexibles, licencias equitativas o servicios de cuidado accesibles, empuja a muchas mujeres a optar por trabajos a tiempo parcial o, directamente, a abandonar el campo científico.

Este abandono no es una elección individual aislada. Es una consecuencia directa de estructuras laborales pensadas para trayectorias masculinas tradicionales. Y su impacto es profundo: menos mujeres en ciencia significa menos diversidad, menos innovación y menos soluciones inclusivas.

Comprender estas barreras es fundamental. Pero no es suficiente. La pregunta clave es cómo transformarlas. Y, sobre todo, quienes ya lo están haciendo.

Cómo cerrar la brecha STEM

Cerrar la brecha STEM requiere acciones sostenidas y coordinadas. En primer lugar, es esencial intervenir desde la infancia. El interés por la ciencia se construye temprano. Programas de robótica, clubes de ciencia, campamentos de programación y mentorías ayudan a romper estereotipos antes de que se consoliden.

Además, es imprescindible transformar los entornos educativos y laborales. Reconocer los sesgos, revisar prácticas de contratación, garantizar igualdad salarial y promover liderazgos femeninos no es un gesto simbólico. Es una necesidad estructural.

Por último, la inversión debe dirigirse a los contextos más vulnerables. Las instituciones con mayores dificultades necesitan recursos específicos, acompañamiento y estrategias adaptadas a sus realidades locales.

Aunque el camino es largo, el cambio no es solo una promesa. En muchos lugares, ya está ocurriendo.

Proyectos que están cambiando la narrativa

A pesar de los desafíos, las iniciativas que impulsan la participación de niñas y mujeres en CTIM se multiplican. En América Latina, programas apoyados por la UNESCO benefician cada año a más de 20.000 niñas, combinando educación científica con empoderamiento comunitario.

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Colombia tiene diversos proyectos locales que trabajan en territorios rurales y periféricos, integrando ciencia, tecnología y resolución de problemas comunitarios.

En Chile, la organización Ingeniosas acompaña a niñas desde la infancia, conectándolas con referentes femeninos en ciencia y tecnología.

En África, iniciativas como Girls for STEM and Leadership integran formación científica con liderazgo social, ofreciendo modelos alternativos de éxito.

Así mismo, Europa cuenta con festivales educativos y programas de mentoría conectan a niñas con científicas en activo. En España, el CSIC abre sus laboratorios cada 11 de febrero, transformando espacios tradicionalmente cerrados en lugares de encuentro e inspiración.

Son proyectos distintos. Contextos distintos. Pero un mismo propósito: ampliar horizontes, crear referentes y demostrar que la ciencia también puede ser un espacio de cuidado, diversidad y futuro compartido.

El futuro también se escribe en femenino

La brecha STEM no es una cifra. No es un gráfico. Es una historia que empieza temprano, en un aula sin recursos, en una niña que duda, en una pregunta que no se formula porque nadie enseñó que también tenía derecho a hacerla. Es una ausencia que se acumula. Y que, durante demasiado tiempo, hemos normalizado.

Pero el futuro no está escrito. Se construye. Y la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas no pueden seguir avanzando dejando voces fuera. Cada niña que accede a una educación CTIM de calidad amplía las posibilidades colectivas. Cada barrera que se rompe transforma no solo una trayectoria individual, sino la forma en que entendemos el progreso.

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Invertir en niñas y mujeres en STEM no es un gesto simbólico. Es una decisión ética. Es una apuesta por sociedades más justas, más diversas y más capaces de responder a los desafíos globales. Porque los problemas del mundo no se resuelven desde una sola mirada.

Este 11 de febrero, Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, no basta con celebrar. Es momento de actuar. De abrir puertas y de mantenerlas abiertas. De mirar a las niñas y decirles, con hechos y no solo con palabras, que la ciencia también les pertenece. Porque cuando una niña imagina, pregunta y crea, el mundo entero se mueve con ella.

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